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Belgrano
hace bendecir la bandera eb Salvador de Jujuy, el 25 de Mayo de 1812.
Oleo de Guillermo de Ré. Museo Histórico Provicncial Julio Marc,
Rosario, Provincia de Santa Fe
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Estando Belgrano en Jujuy, como General
en Jefe del Ejército del Norte, en julio de 1812, se produjo una gran
avanzada realista, que amenazaba destruir totalmente los poco que se
había ganado a fuerza de sacrificio y coraje.
Fue necesario recurrir no sólo al patriotismo, sino a la abnegación de
los criollos. La orden de Belgrano fue terminante: no debería quedar
nada que fuese de provecho para el adversario, ni casa ni objetos que
fueran de utilidad, ni alimentos.
Lo que no podía ser transportado a lomo de mula, de caballo o de burro,
debió ser quemado. Pensemos en el sacrificio de ese pueblo sufrido y
resignado, que se trasladaba con lo poco que podía salvar, sin saber
exactamente cual iba a ser su suerte.
Más que un éxodo, aquello era la imagen del renunciamiento
incondicionalmente realizado. El frío y la ventisca invernales
acompañaron a la caravana. El éxodo jujeño tuvo lugar el 23 de agosto de
1812.
En sendos bandos de Tristán y Goyeneche se habla de los escasos vecinos
que quedaron en Jujuy, de la miseria y la devastación creadas por la
guerra. 1
En un oficio del 29 de octubre, Goyeneche celebra desde Potosí que el
coronel de su ejército Indalecio González de Socasa haya podido
construir el cuerpo municipal siquiera fuese con tres vecinos. Y agrega:
“Me llena de la más dulce complacencia el voto unánime y general que
V.S. me indica de los pocos vecinos que han quedado en esa ciudad de
mantenerse decididos y adictos a la Casa del Rey sin que los retraiga la
devastación que el furor y venganza del Caudillo Revolucionario
Belgrano han causado en su población según lo tuvo anunciado en su impío
bando del 29 de julio”. 2
Hasta el 23 de agosto de 1812, la revolución había puesto a prueba el
amor de sus hijos a la libertad, ofreciendo sus vidas, pero en ese
momento Jujuy fue escenario de algo más extraordinario todavía: una
población entera sin discriminación de clases ni de edades, que
sacrificaba colectivamente, su tranquilidad, su fortuna, su existencia..
Jujuy, era el paso obligado al Alto Perú, donde se encontraba el cerro
de Potosí, del que se extraía la plata, que le proporcionaba una gran
riqueza. Jujuy, merced a ese holocausto por la Patria, debió renunciar a
todos sus bienes, lo que la sumiría en la pobreza, de la que sería
difícil resurgir.
Fue tan completo el éxodo, que el testimonio español más que el
argentino, nos da una idea cabal de su desarrollo. La historia de
Torrente, escrita después de la guerra, con la tradición oral de los
jefes realistas, nos dice en referencia a Goyeneche: “Hallándose a esta
sazón con un brillante ejército, orgulloso por sus anteriores victorias,
y muy superior en número y disciplina a las pocas y desalentadas tropas
de Buenos Aires, que ocupaban las ciudades de Jujuy y Salta, de las que
se habían retirado después de los ataques de Suipacha y Nazareno, con
orden de su comandante Belgrano para que todos los habitantes evacuasen
aquel territorio llevándose los archivos y aun los armamentos y muchos
vasos sagrados de las iglesias, dispuso que el mayor general don Pío
Tristán avanzase con tres mil quinientos hombres en persecución de
aquellos prófugos”.
El célebre bando de Belgrano, del 29 de julio, comenzaba diciendo:
“Desde que puse el pie en vuestro suelo para hacerme cargo de vuestra
defensa, en que se halla interesado el Excelentísimo Gobierno de las
Provincias Unidas de la República del Río de la Plata, os he hablado con
verdad. Siguiendo con ella os manifiesto que las armas de Abascal al
mando de Goyeneche se acercan a Suipacha; y lo peor es que son llamados
por los desnaturalizados que viven entre nosotros y que no pierden
arbitrios para que nuestros sagrados derechos de libertad, propiedad y
seguridad sean ultrajados y volváis a la esclavitud. Llegó, pues, la
época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reuniros al
Ejército de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres…”. 3
Belgrano, en razón del sacrificio efectuado por el pueblo jujeño, lo
hizo depositario y guardián de la “bandera nacional de nuestra libertad
civil”, puesto que, gracias a ese esfuerzo supremo, fue posible ganar
las batallas de Tucumán, el 24 de septiembre de 1812, y después la de
Salta, el 20 de febrero de 1813. Una bandera, una escuela y dos escudos
quedaron para siempre en Jujuy como testimonio del agradecimiento del
prócer, que supo reconocer el patriotismo del pueblo jujeño.
1-DORA BLANCA TREGINI
ZERPA, El éxodo jujeño. En: Manuel Belgrano. Los ideales de la patria.
Buenos Aires, Instituto Nacional Belgraniano de la República Argentina,
1995, p. 57. Véase: INSTITUTO NACIONAL BELGRANIANO, Apuntes biográficos.
2 edición, Buenos Aires, 1995.
2- DORA BLANCA TREGINI ZERPA, El éxodo jujeño, op. cit., p. 57.
3- DORA BLANCA TREGINI ZERPA, El éxodo jujeño, op. cit., p. 58.